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1 dic. 2012

CRÍTICA: Invasor


SINOPSIS: Pablo es médico y militar con el rango de capitán. En 2004 se encuentra en una misión humanitaria en Irak. Se salta el protocolo para salvar la vida de una niña y la explosión de una mina complicará las cosas. Cuando despierta en un hospital de A Coruña, trata de averiguar qué ocurrió. Que un hombre del ministerio de interior quiera obligarle a firmar un acuerdo de confidencialidad acelera sus pesquisas.

La presencia excepcional de películas como Eva o Invasor en el panorama cinematográfico español obliga a plantearse algunas preguntas acerca del modo en que se invierte el dinero.
Calparsoro se lo gasta bien y eso se nota. El altísimo nivel de producción muestra que no tenemos nada que envidiar al cine americano. De modo que, cuestionarse por qué en otras ocasiones no se hace, resulta inquietante.
Bastan los 10 minutos iniciales de la película para confirmar que estamos ante un producto de altura inesperada. Planificación y fotografía impecables para mostrarnos vehículos en el desierto de Irak, una misión humanitaria complicada en un lugar derruido y sometido a tiroteo, tensión entre las partes implicadas, la explosión de una mina al paso de un convoy, efectos especiales conseguidos, planificaciones aéreas, travellings elegantes...
El espectador contempla atónito lo que parecía prohibido en una producción española: cine bélico resuelto con técnica impecable. Y este alarde en las secuencias de acción, no será el único que veamos. La persecución en coche por las calles de A Coruña está rodada con un brío y una soltura que para sí los quisiera Bruce Willis en Manhattan. Incluso con un punto más a favor de Invasor: es creíble, sin fantasmadas imposibles.
De modo que, cuando Pablo (Alberto Ammann) despierta en el hospital, nos queda por ver qué tal se le da a la película la presentación de personajes y su evolución. Y esa parte que podría haber destruido el ritmo, queda muy bien salvada por ese conflicto ético que nos presenta, verosímil y con fuerza dramática. La necesidad de Pablo por hacer lo que es correcto es el desencadenante de los hechos posteriores. De modo que, al cine bélico, se le suma la investigación para dilucidar la verdad.
Y, con la investigación, iremos descubriendo las posturas de los diversos personajes implicados. Una posición ética que cada uno percibe de diferentes maneras. No se puede decir que los militares salgan bien parados. Los políticos y burócratas, desde luego, son arrastrados por el fango. Luego queda la zona gris, donde navegan diversos personajes sometidos a presiones y que no tienen muchas más opciones que buscar el camino fácil. Salvo Pablo que, con mujer y una hija, decidirá anteponer la verdad a la postura oficial.
Es preciso hacer una distinción entre las convenciones de género y los clichés, porque la película naufraga en su final. Las convenciones del género están para que el público reconozca a qué se enfrenta. Es una convención del género que, en una película de acción, el héroe tenga un final proporcional a su empeño. Quizá no feliz del todo. Quizá incluso amargo, pero sí, al menos, con la esperanza salvada. Es un cliché, sin embargo, la idea de que una película española tiene que acabar mal. Y es el único punto en el Calparsoro está desacertado. Convertir, en los últimos minutos, una película de acción en una propuesta existencialista, crítica, social y casi nihilista, significa renunciar a la convención del género y participar del cliché. Porque soluciones había muchas. Felices, agridulces, amargas, grises y negras. Optar por ser un cenizo es el camino fácil.
En cualquier caso hay que reconocerle al director su incuestionable talento para ofrecer un producto de calidad, entretenido de principio a fin y sin renunciar al drama. Sus personajes (algunos mejor interpretados que otros) tienen fuerza por el conflicto moral en que se ven envueltos. No sólo se ha molestado en los aspectos técnicos. Hay un esfuerzo notable por construir un guión con entidad y por centrar la intensidad de la historia en los personajes más que en la acción.
Lo mejor: Su impecable factura técnica.
Lo peor: El previsible final.

Ficha técnico-artística:
Dirección: Daniel Calparsoro.
Guión: Javier Gullón, Jorge Arenillas.
Intérpretes: Alberto Ammann, Antonio de la Torre, Inma Cuesta.
Duración: 99 m.
Música: Lucas Vidal.
Fotografía: Daniel Aranyó.

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