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23 mar. 2015

"LA SOGA" (1948)_LA ARQUITECTURA OMNIPRESENTE

He aquí un ejemplo de película concebida casi a modo de obra teatral, donde se ahonda en las turbulencias de las relaciones entre personajes en detrimento de la vistosidad proporcionada por los cambios de escenario. Hitchcock se cubre las espaldas con brillantes intérpretes en su mayoría, que sobrellevan la carga dramática con destreza, arrastrando con ellos al espectador con los nervios enquistados. Pero no es sólo este aspecto de la película el que le otorga su gran calidad, sino también el esmero depositado en la creación del espacio y su particular modo de filmación, a lo mejor desapercibidos en un primer vistazo.

Se trata ésta de una historia asfixiante sobre dos hombres, el uno, claro líder, y el otro, de mano más temblorosa, que se embarcan en un asesinato casi aleatorio por el puro placer de ejercer su condición de humanos superiores con capacidad de cometer el crimen perfecto, recurrente obsesión de Alfred Hitchcock. Tal es el sadismo en el que se regodean, que hasta convocan a una fiesta en la escena del crimen a los padres de su víctima, algún amigo más y al propio muerto, de cuya tardanza todos se extrañan a lo largo del transcurso de la velada. Pero a todo ello se le añade la ironía macabra de que el asesinado es realmente el primer invitado en acudir a la fiesta, puesto que su cadáver se encuentra oculto en un gran arcón en el salón de la casa de sus homicidas, sobre el cual éstos disponen los aperitivos.



Es esta casa de la pareja protagonista el único soporte arquitectónico de tan truculenta y absorbente trama. En realidad, no se trata del apartamento neoyorkino en su integridad, sino casi exclusivamente de su gran sala de estar, presidido por el ya mencionado arcón mortuorio. Este salón presenta una arquitectura moderna que se encontraba en auge en los nuevos rascacielos proyectados a principios del siglo pasado en Nueva York, con el gran ventanal que inunda toda la estancia, combinado con vestigios decorativos más barrocos en su mobiliario. Dicho vano vidriado con una ortogonal partición de carpintería incluso sobresale hacia el exterior, permitiendo así la integración de un prominente sofá de líneas sencillas en toda su extensión, recurso también propio de la arquitectura moderna de la época. Este enorme ventanal nos muestra el skyline de Nueva York, de modo que revela que los protagonistas se encuentran en un apartamento a una altura considerable sobre el suelo, oteando desde arriba como se desarrolla las mundanas vidas del resto de sus semejantes, a su juicio, subordinados a ellos. De hecho, el único plano al exterior en toda la cinta, en los créditos iniciales, se trata de un plano picado. La gran ventana también refleja el descaro con el que los presuntuosos protagonistas llevan a cabo el crimen, a plena luz del día y con los ojos de la capital del mundo abiertos a sus espaldas.

Plano inicial picado al exterior

 En realidad, el “exterior” es un diorama parte de un escenario en un estudio. El rodaje de la película en cuestión fue algo más complicado de lo normal por su condición de experimental; Hitchcock la utilizó como prueba del rodaje en una sola toma y a tiempo real. Sólo pudo cumplir el segundo requisito, en cuanto a desarrollo del argumento, pero se las ingenió para reducir el montaje posterior al mínimo y rodar con muy pocos cortes, disimulados hábilmente al fundirlos en negro en las espaldas de los actores… Los movimientos de la cámara fueron coordinados minuciosamente junto con desplazamientos de muebles y paredes que importunaban el paso del aparto de filmación. Tal y como se ha mencionado anteriormente, casi toda la acción transcurre en ese gran salón, salvo por varias ocasiones donde la cámara gira hacia la izquierda para que los espectadores podamos atisbar al homicida protagonista guardar en un cajón de la cocina la soga mortífera en aras de su trastornada prepotencia. La cámara, por lo tanto, permanece estática en el salón, sin seguir al personaje fuera de la estancia, pero proporcionándonos la suficiente información para elaborar un plano mental de la casa. La cámara sólo abandona el salón en el clímax final y se dirige al hall de entrada, donde James Stewart se equivoca de sombrero al marcharse…



Sin ánimos de estropear el suspense a quienes no la hayan visto, es ésta, a mi juicio, una película altamente recomendable, no sólo por su emplazamiento ni lo innovador de su filmación, sino también por sus  ingeniosos diálogos en apariencia intrascendentes pero con alusiones veladas al crimen del que se ha hecho cómplices a los espectadores. Yo no pude más que permanecer anclada en mi sofá hasta el final.





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