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30 ene. 2015

CINE Y ARQUITECTURA: Dos artes mano a mano


Arquitectura y cine. A día de hoy, ambas dos artes establecidas: la una, solemne integrante de las Bellas Artes desde tiempos inmemoriales; el otro, el denominado “séptimo arte”, arrolladora innovación del último siglo. En su condición de artes, como representaciones personales de lo real e imaginario con recursos de distinta índole, resulta inevitable que sus fronteras se diluyan y se contagien la una de la otra.

“Lo que el viento se llevó”, “Rebecca”, “Cumbres Borrascosas”, “Ciudadano Kane”, “Jane Eyre”… todas esas grandes historias tienen algo en su esencia que les confiere ese carácter de clásicos; con su atemporalidad imperturbable, fruto de su tratamiento de las grandes pasiones del ser humano, han contribuido a edificar piedra a piedra nuestra identidad colectiva. Aunque haya alguien que no las conozca expresamente, es imposible escapar de su influjo, que impregna ese ideario común del que se nutren montones de culturas.

Uno de los rasgos característicos que comparten estas “historias por excelencia” es precisamente el hallarse sustentadas sobre un soporte arquitectónico contundente, de igual modo que un edificio perdurable se yergue sobre sólidos cimientos. Tal es la trascendencia de este elemento en el desarrollo de la trama, que incluso podríamos llamarlo “el tercer protagonista”, partiendo de la suposición de contar con una pareja protagonista.

Por consiguiente, resulta inconcebible un “Lo que el viento se llevó” sin su Tara, que se halla presente en la última frase pronunciada por los labios de Escarlata; un “Rebecca” sin Manderley, abrigo de dramas conyugales; un “Ciudadano Kane” sin su templo al amor reconvertido en prisión llamado Xanadú; o un “Cumbres Borrascosas” sin la mansión que le cede su nombre a la novela y a la película…

La arquitectura, protagonista también de los pósters publicitarios

Es esta estrecha relación entre el cine y la arquitectura, a menudo inadvertida y sin embargo latente, la que me propongo desmenuzar en esta sección. Estudiante aún de arquitectura e incorregible amante secreta (o ya no tanto) del cine, trataré de desentrañar sus vínculos mediante ejemplos variados. No obstante, apelo a vuestra indulgencia en cuanto a que tengo especial predilección por el cine clásico, siendo ésta una de mis mayores pasiones, como a lo mejor no os ha pasado desapercibido.

Realizaré los análisis de las obras a través de mi personal y en ocasiones vehemente visión. En mi condición de joven principiante que tiene mucho por aprender, estaré muy agradecida de cualquier sugerencia, contribución, corrección pertinente o simple contraste de opiniones. Con el deseo de que disfrutéis tanto como yo,

Lucía G.

22 ene. 2015

CRÍTICA: Into the Woods

SINOPSIS: Ceniciente, Caperucita, Jack (el de las habichuelas), la bruja, el lobo, Rapunzel y otros personajes de los cuentos de hadas comienzan un día. Pero este será diferente a todos porque sus caminos se cruzarán en el bosque.
El bosque es el espacio esencial de los cuentos de hadas. En el bosque está el lobo, la cabaña de la bruja, las urnas de cristal con princesas dormidas en su interior. Es el lugar de las decisiones, la elección entre el bien y el mal, los deseos y las aspiraciones puestas al alcance de la mano y que puedes lograr sin esfuerzo.
Y luego la responsabilidad. Cada personaje debe cargar con las consecuencias de sus actos. Porque, pese a su apariencia, la magia no sale gratis. Al contrario, la ausencia de esfuerzo para lograr el éxito, deberá ser pagada con creces en el futuro.
Esta breve introducción viene a cuento para este cuento. Porque es bastante atípico, tiene sorprendentes momentos de originalidad y se arriesga con la construcción de un edificio dramático.
El planteamiento de la historia, en cierto modo, no difiere mucho del de la serie Érase una vez (Once Upon a Time) o de la avalancha de reinvenciones de cuentos de hadas que nos han llegado en los últimos años.
Cada personaje se encuentra en su casa. Cada personaje tiene unos motivos para atravesar el bosque. Y ese es el momento en que las cosas comienzan a complicarse. La trama juega hábilmente con esas vidas cruzadas que se ven agitadas entre los intereses de otros y las propias preocupaciones.
Sin embargo, hasta cierto punto, todo se encamina de modo correcto hacia el final feliz que llega a la hora y cuarto. Y es en ese momento cuando aparece el sorprendente giro argumental. El final feliz se ve trastocado por un reinicio en el que todos deberán pagar, de un modo u otro, el precio de la magia. La película se transforma en un ejercicio ético.
Infidelidad, robos, egoísmos… Todos culpan a todos (estupenda canción) de la situación en que se encuentran. El final feliz ha quedado por completo dinamitado. La bruja lo advirtió y aún tendrá que volverlo a decir: no siempre hay final feliz.
La banda sonora no es especialmente extraordinaria salvo en algunas fragmentos. En cierto modo eso no es malo. Se pone al servicio de un texto donde las inquietudes de los personajes prevalezcan.
Aunque todo el reparto está a gran altura, muy encajado en el papel que cada uno debe representar, hay que destacar a Meryl Streep en su papel de bruja que podría valerle un nuevo Oscar en su carrera. Además, Johnny Depp anda por ahí como lobo.
Una película de cuentos de hadas con un tono diferente, pero que tiene muy claro que los cuentos de hadas se escribieron para contar a los niños una enseñanza. Ese cuento de hadas va dirigido esta vez a los adultos, especialmente en su última parte. Tal vez sea un poquito moralizante, pero los planteamientos y debates internos de los personajes tienen mucha validez y consistencia.

Lo mejor: Mery Steep.
Lo peor: Muy justita en su puesta en escena y efectos especiales.

Ficha técnico-artística:
Dirección: Rob Marshall.
Guión: James Lapine.
Intérpretes: Meryl Streep, Anna Kendrick, James Corden, Emily Blunt, Christine Baransky, Tammy Blanchar, Johnny Depp.
País: EEUU.
Duración: 125 m.
Música: Stephen Sondheim.
Fotografía: Dion Beebe.

9 ene. 2015

CRÍTICA: Birdman

SINOPSIS: Riggan se hizo famoso interpretando la trilogía del superhéroe Birdman. Ahora, cansado del superhéroe, quiere triunfar sobre las tablas de Broadway como director, guionista y actor de teatro.
Birdman es una película de enorme envergadura. Debería llevarse todos los premios. Cinematográficamente es muy superior a Boyhood. Esta película es una virguería en todos sus campos: lo es en su guión, en sus intérpretes, en la persistente música de esa batería, en las abundantísimas alusiones cinéfilas, en la mezcla de realidad y ficción y, sí, desde luego, en que sea un aparente único plano. Es una delicia en todo ello.
Pero al mismo tiempo que uno percibe su genialidad, es difícil conectar con Iñárritu desde un punto de vista emocional. No me refiero a cosas como que mienta al espectador promocionando el film como una peli con superhéroe cuando, en realidad, no existe ningún superhéroe.
Es una película sobre los entresijos de camerinos de un teatro y vidas cruzadas, esas vidas que tanto le gustan a él pero que son tan excéntricas y tan poco naturales que resulta casi imposible alcanzar un nivel de identificación.
Iñárritu es listo y miente de un modo más sutil. Pasaje importante es esa lectura de guión al poco de comenzar la película. El director, astutamente, nos muestra tres actores buenos y uno que sobreactúa. Y nos insiste en ello para que percibamos cómo suprime al que sobreactúa. Parece decirnos que nos quedamos con los buenos, que no necesitarán sobreactuar.
Pero a la hora u hora y cuarto (ocurre en esta película y en todas las demás de Iñárritu), les obliga a sobreactuar porque no puede transmitir lo que quiere sólo con el texto. No sabe escribir como Carver y cuando se aleja de Carver todo se llena de tacos, improperios y gritos. Y se vuelve barroca y excesiva, en palabras y en situaciones. Palabras exageradas y situaciones desbocadas.
Ese recargamiento es falso, es otra mentira. La humanidad de los personajes se escurre. El cine puro vence a la historia. Por eso podemos decir que es una excelente película, que tiene brillo y mucho genio. Pero al mismo tiempo es posible decir que la historia nos deja bastante fríos por la incapacidad de conexión con personajes auténticos, con alma, con vida. Y es que, como dice
Edward Norton, la popularidad es la cuñada guarra del prestigio.
El juego de realidad y ficción es uno de los mayores logros de la película. Personajes que sólo son auténticos en el escenario y falsos en la vida real. Personajes que viven en la realidad como si fuera una obra de teatro. Personajes que en la obra de teatro están reflejando su realidad.
Y al mismo tiempo Riggan, tratando de reinventarse, confunde la realidad y la ficción y la voz de Birdman actuando ya sea como conciencia o como esquizofrenia.
Curiosa esa figura de Spider-man. Seguro que todos nos identificamos más fácilmente con él que con cualquier personaje de Birdman. Pero Birdman es una película muy superior. O quizá alguien lo prefiera a la inversa.

Lo mejor: La fuerza cinematográfica.
Lo peor: Sus personajes impostados.

Ficha técnico-artística:
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Guión: Alejandro González Iñárritu.
Intérpretes: Michael Keaton, Naomi Watts, Edward Norton, Emma Stone, Amy Ryan.
País: EEUU.
Duración: 134 m.
Música: Antonio Sánchez.
Fotografía: Emmanuel Lubezki.

7 ene. 2015

CRÍTICA: Corazones de acero

SINOPSIS: Son los últimos días de la II Guerra Mundial. Hitler resiste desesperadamente y los aliados avanzan palmo a palmo sobre emboscadas.
El cine bélico se enfrenta a un problema muy evidente: diferenciarse. La enorme cantidad de películas bélicas, realizadas ya desde la propaganda de guerra, tiene su lógica debido a la importancia del conflicto.
El aluvión cinematográfico ha derivado en la creación de unos modelos que se han convertido en clichés y que convierten a las películas en algo bastante previsible. Los lazos que se crean entre soldados variopintos, los sueños de cada uno de ellos, la misión…
Salvo contadas excepciones (Tarantino, Coppola), se asume el riesgo y se procura enfocar el cine bélico desde otra perspectiva. David Ayer se la juega en una historia que tiene mucho de gran épica pero también de exageración vacía.
El arranque de la película está muy logrado y su desarrollo tiene muchos momentos de interés. Está muy bien rodada, con escenas poderosas y una ambientación magnífica. David Ayer pasea la cámara sobre la devastación, el sentimiento de absurdo en el campamento, los brotes de locura, los refugiados, la brutal potencia de fuego que supone el avance de un tanque, la  muerte dentro de un tanque, matar y rematar, la progresiva pérdida de moralidad, el peor lado de cada persona.
El director utiliza una fotografía gris para remarcar la ruptura de las fronteras éticas, las decisiones que forman parte de la rabia y de la indiferencia.
La historia es la del sargento Don (Brad Pitt). Dirige a un grupo de soldados tomando las pequeñas poblaciones que le indican. Poco a poco los números van mermando hasta que la última misión parece imposible, pero es su misión. Don tiene consigo a su tanque Fury. Fury es su arma, su hogar, su misión y, finalmente, su última trinchera en la estacada.
La presencia de Shia LaBeouf, Logan Lerman y Michael Peña entre los soldados ayuda mucho a la trama, personalidades con carácter bien definido que se mueven más veces en el lado de la locura que en el del raciocinio.
Hay escenas de notable crudeza bastante justificadas para mostrar que los buenos han rebasado ciertos límites, que no son tan buenos y que su crueldad ya no importa a nadie.
Tiene mucho de épico pero también de excesivo. A ese combate final le sobran muchos minutos. David Ayer dirige con vigor, desde las vísceras, pero la épica debe tener también un equilibrio.

Lo mejor: La ambientación, el clima que se crea durante la mayor parte de la película.
Lo peor: La excesivamente larga batalla final.

Ficha técnico-artística:
Dirección: David Ayer.
Guión: David Ayer.
Intérpretes: Brad Pitt, Logan Lerman, Shia LaBeouf, Michael Peña, Anna Maria Marinca.
País: EEUU.
Duración: 134 m.
Música: Steven Price.
Fotografía: Roman Vasyanov.

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