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17 ago. 2015

"LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ" Parte I_ El hogar

"¡Tara! ¡Es mi hogar! Iré a mi casa e idearé algo para hacerle volver. Realmente, mañana será otro día". Con estas palabras recobra su indómita fortaleza una llorosa Escarlata O´Hara al término de uno de los grandes clásicos del cine, y también uno de mis favoritos particulares. Su atípica heroína, frívola e incluso despiadada en ocasiones, conquista la admiración de los espectadores mediante su inquebrantable tenacidad y resiliencia, los cuales le permiten salir victoriosa de las mayores adversidades a las que un ser humano puede enfrentarse: guerra, muerte y mal de amores. Sin embargo, tan límites son las situaciones a las que es arrojada a lo largo de la historia, que en ciertos momentos incluso ella se siente desbordada. Pero es entonces cuando recurre a su soporte externo, al que sabe que siempre podrá volver, como su campechano padre le señala acertadamente al comienzo de sus peripecias: Tara, su hogar, y esa tierra roja que le da las fuerzas.
 

Después de un parón forzoso para entregar mi proyecto fin de grado y unas merecidas vacaciones, yo también vuelvo a casa, tanto literalmente como a través de esta entrada dedicada a este gran relato que caló hondamente en mí hace ya algunos años. Tara, con sus cuadrados pilares robustos del porche, ha formado parte de mi ideario cinematográfico desde entonces, junto con los Doce Robles (algo más distinguida, acorde con sus elegantes dueños), y la casa matrimonial de Rhett y Escarlata.
 
Tara, parte delantera

Posible inspiración para los Doce Robles
La nueva casa en Atlanta con Rhett
Las tres construcciones mencionadas son grandes mansiones de estilo historicista, tanto en el interior como en el exterior, rasgo típico de la arquitectura de la época en Estados Unidos, con el propio presidente Thomas Jefferson como uno de sus grandes exponentes. Por aquel entonces, a falta de referencias arquitectónicas autóctonas, los arquitectos fijaron su mirada en la vieja Europa en busca de inspiración, realizando así sus personales reinterpretaciones y composiciones, con mayor o menor acierto. De este modo, la arquitectura estadounidense que servía a la clase acomodada se valió de elementos de la arquitectura clásica griega y romana, como columnas, frontones, vanos, para dotar a sus hogares de dudosa distinción, haciendo a su vez alarde de ostentación.
 
Monticello, Thomas Jefferson, 1809
Es por este motivo que quizás en "Lo que el viento se llevó" causa aún mayor impacto el destrozo de los Doce Robles y la propia Tara en la Guerra de la Secesión. Ambas mansiones, otrora imponentes reinas en sus prósperas plantaciones sureñas, quedan reducidas a resquebrajados restos de muros y renegridas columnas. Pero, mientras los Doce Robles sucumbe irremediablemente, reflejo fidedigno de sus idealistas dueños carentes del suficiente empuje para sobrevivir, Tara resurge de sus cenizas gracias a la tozuda voluntad de su dueña, más terrenal y eficaz que su adorado caballero Ashley. Escarlata vuelve a convertir en su hogar a las viejas ruinas, quizá menos ostentoso, pero más real y suyo que nunca, consolidando así el infalible dueto Escarlata-Tara.
 
 
Abierto queda el final de la historia concebida por Margaret Mitchell y trasladada a las pantallas en un faraónico rodaje, pero mi corazón se recuerda a si mismo que precisamente jamás nos llegan a mostrar a la protagonista con la clarividencia de querer a Rhett por fin en su medio natural. Escarlata no es capaz de retenerlo tras la muerte de Melania en la casa conyugal de ambos en Atlanta, donde tampoco fueron felices durante su matrimonio. Por lo que a mí respecta, pecando a lo mejor de ingenua, puedo imaginar a la tenaz Escarlata recurriendo una vez más a su hogar, a su estandarte físico y real, en un último y agónico intento de hallar finalmente la felicidad junto a su desencantado marido. Si lo logra, ha de ser sólo desde Tara, ningún otro lugar en el mundo.
 
 
Esta férrea unión entre personaje y su hogar me recuerda una frase que acuñó Alfred Hitchcock al autoanalizarse: "run for cover", o volver al hogar, que en este caso se materializa en Tara, cuando uno se encuentra perdido y no sabe cómo avanzar. Hitchcock dijo que, tras experimentar en sus películas, a veces sentía la necesidad de volver a lo anterior y conocido, para poder después dar más pasos adelante, en una progresión-regresión continua.
 

P.d.: Como apunte final, las mansiones de "Lo que el viento se llevó" vistas en la cinta no existen actualmente. Una vez más Hollywood juega con nuestras impresionables imaginaciones y crea estos suntuosos decorados, compuestos únicamente de las fachadas principales, y en ocasiones tan sólo pintados. La fachada de la Tara de la película resistió hasta 1959, cuando la desmantelaron por su estado de deterioro e inutilidad. No obstante, su ilusión siempre perdurará en nuestras memorias.
 
Los Doce Robles pintado

Decorado fachada principal Doce Robles
Decorado de Tara, fachada principal

Decorado de Tara antes de ser demolido


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