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30 oct. 2015

REBECA (1940)_El hogar hostil


Hace un par de entradas me referí  al hogar y su repercusión en el clásico “Lo que el viento se llevó”. Hoy regreso al mismo tema, de lo más universal, con otro clásico, “Rebeca” (1940), pero esta vez con un cariz más oscuro.

Basada en la magnífica novela homónima de Daphne de Maurier y dirigida por Alfred Hitchcock en 1940, fue su primera película en Estados Unidos. En ella se nos presenta una muchacha casi desarraigada de cualquier hogar, una introvertida acompañante pagada de una mujer entrada en años y carnes que la considera casi un mero mueble más con el que aderezar sus pertenencias. Como una maleta más, la señora Van Hopper se lleva a Montecarlo a nuestra tímida protagonista, encarnada hábilmente por Joan Fontaine, donde ésta conoce al enigmático señor de Winter, frío e inescrutable como el invierno mismo. El hotel donde se hospedan, de decoración ecléctica con las obligadas columnas toscanas, sirve de concurrido y frívolo escenario para que se fragüe el raudo romance entre nuestros protagonistas, ante la ceguera inexplicable de la jefa de nuestra heroína sin nombre. Todo es suntuosidad lo que destilan los poros de Montecarlo, en la que aterriza casi accidentalmente el personaje de Fontaine debido a los requerimientos de su curiosa ocupación, y donde irremediablemente desentona; sin embargo, a raíz de su idilio con Maxim de Winter y su consiguiente matrimonio, finalmente parece materializarse su derecho predestinado de pertenecer a lujos aún mayores.


Y es que su ya marido es el dueño de una de las mansiones más místicas de Inglaterra: Manderley, de la cual ella había oído hablar anteriormente. Manderley es, de hecho, la otra gran protagonista de la película, como demuestra el que Hitchcock le dedique los primeros planos. No obstante, este grandioso edificio que tanta admiración despierta es para su dueño “sólo el sitio donde nació y ha vivido toda su vida”, según sus propias palabras. Algo de razón no le falta, ya que la construcción en cuestión es una recia mansión de inspiración medieval, lo cual no contribuye a la creación de un ambiente hogareño. Es, por el contrario, un edificio que se extiende horizontalmente, firmemente enraizado al suelo, de piedra, y con almenas más propias de una fortaleza o incluso cárcel que de una casa. Éste es el llamado a ser el nuevo hogar de la protagonista de la cinta.



Ciertamente, ella no consigue hacer de tan solemne casa la suya. Como en la ensoñación del comienzo de la película, nuestra trémula protagonista se encuentra siempre con una gran verja entre ella y la inhóspita Manderley, que parece eternamente ligada a su antigua dueña, Rebeca. Con gran acierto y perspicacia se nos muestra a Joan Fontaine en amplios planos donde su figura se torna ridícula en comparación con las dimensiones de las estancias, siendo llamativa la escena en la habitación de Rebeca, la más exquisita de la casa. He aquí un recurso arquitectónico recurrente en la película: la (des)proporción. Y es que los grandes ventanales con sus cortinones hasta el suelo, las puertas con jambas de relieves de piedra, la escalinata doble y los altos techos fomentan la impresión de que la recién casada jamás será apta para gestionar tan desbordante patrimonio arquitectónico.



En contrapunto al tamaño descomunal de Manderley, se encuentra la pequeña cabaña del acantilado, donde Rebeca daba rienda suelta a sus devaneos. Se trata de una austera construcción de piedra también, pero mucho más acogedora en su interior, “más hogar” que Manderley. Irónicamente es en este lugar donde por fin florece la confianza y la entrega en el nuevo matrimonio de Winter, cuando Maxim confiesa su odio hacia su primera mujer y vemos crecer a nuestra heroína que al fin se considera digna esposa. Las amenazantes estancias inmensas de Manderley no hubieran sido apropiadas para esta escena de acercamiento tan íntima.


Una vez espantados los fantasmas y sorteado las dificultades ocasionadas por el hallazgo del verdadero cadáver de Rebeca en el fondo del mar, el consolidado matrimonio de Winter no podría, sin embargo, ser feliz en Manderley, de lo cual se encarga la señora Danvers prendiéndole fuego. Ésta sería la última fechoría inducida por la figura omnipresente de Rebeca, dueña de esta mansión victoriana que se basa en una real llamada Milton Hall. No obstante, Hitchcock y Selznick quisieron dotarle de un aspecto más tenebroso y gótico a su Manderley cinematográfico, una miniatura en realidad, a excepción de algunas partes que sí se construyeron en escala real. Independientemente de su tamaño, Hitchcock se las ingenió para perturbarnos profundamente contemplando entre el alivio y la tristeza las imágenes finales de tan suntuoso palacio consumiéndose por las llamas, adonde no podemos, algunas veces, en nuestros sueños, dejar de volver…
Milton Hall


18 oct. 2015

FIFA16


EA Sports acaba de lanzar al mercado el esperado FIFA16, rival eterno del Pro Evolution Soccer 2016 de Konami que salió unos días antes. El juego está disponible para las principales consolas (PlayStation 3, PlayStation 4, XBOX 360 y XBOX One) y también para PC.  Pero a pesar de su tardía salida al mercado, ya lidera claramente las cifras de ventas frente a su rival.



Qué ha hecho la gente de EA Sports para obtener tan claro liderazgo en esta temporada que comienza? Sobre el tapete han puesto una serie de mejoras. Por un lado se han personalizando los escenarios, los estadios, las multitudes y sus gritos. También se ha perfeccionado la interacción con los efectos del clima y del terreno de juego. Finalmente, es un espectáculo observar las reacciones de los diferentes jugadores cuando marcan.

Por otro lado la inteligencia artificial ha sido mejorada, sobre todo en el ámbito de la defensa, que era el punto débil en FIFA15. Así mismo los jugadores admiten muchísima personalización en su comportamiento, a través de un sistema de escalas que incluye decenas de parámetros. Pero cuidado, los jugadores famosos tiene sus propias características e intentar algunos trucos con unos es mucho más complejo que con otros.

EA habla mucho del Jogo bonito. Y para esto ha hecho un uso intesivo, entre otras cosas, de la captura de movimientos para que éstos fueran más fluidos y naturales en el juego.






Y sobre esto se ha incorporado el regate sin balón, tan característico de algunos jugadores



Otra de sus fuertes apuestas, casi diríamos revolucionaria, ha sido el fútbol femenino. EA está tratando de orientarse al público gamer del supuesto "sexo débil". Un público que, todo hay que decirlo, tiene cada vez mayor presencia en este sector. Y para ello han incorporado a diversas figuras de las selecciones femeninas. Lo que el juego no permitirá es enfrentar a hombres y a mujeres.



Y como los movimientos de las mujeres son distintos a los masculinos han vuelto a hacer uso intensivode la captura de movimiento, haciendo a los personajes más gráciles y menos potentes que los personajes masculinos.



Y con esta combinación de elementos tenemos un éxito asegurado. Los aficionados al fútbol y a los videojuegos cuentan con muchas horas de diversión, de modo individual, con amigos o frente a rivales en Internet. Para el resto queda aoreciar el movimiento, el sonido y el espectáculo visual.


13 oct. 2015

LOCURAS DE VERANO (1955)_La luz de Venecia

Acabo de regresar de mis vacaciones por Italia y, sin poder resistirme a dejarla marchar, he visto "Locuras de verano", de David Lean, por segunda vez. No recordaba su argumento ni sus personajes, sólo Venecia, esa ciudad que era entonces para mí una extraña, pero que ahora se me presenta cercana y querida. He rescatado la película sólo por ella, para reencontrarnos dos días después de mi fugaz visita.

No es Rossano Brazzi, el galán italiano, quien, a través de un romance simplón, me consigue enamorar en la película, y creo que al personaje de Katharine Hepburn tampoco, sino esa misteriosa ciudad construida sobre arenas en el mar. David Lean nos obsequia unos planos majestuosos de La Serenissima, invitándonos a pasear por sus canales y recorrer esas arcadas esporádicas que filtran la luz del sol para cobijo de amantes inquietos. Sin embargo, hay momentos en que la propia ciudad parece cobrar vida, ya que se nos ofrece su punto de vista mediante planos desde lo alto de la catedral de San Marco que abarcan toda la piazza. Venecia es, sin duda, la verdadera artífice del edulcorado amorío inverosímil entre los protagonistas de la cinta; ella es la que propicia el único escenario que torna posible el breve romance entre una maestra entrada en años con el corazón endurecido por la resignación a la soledad y un comerciante italiano en un matrimonio infeliz.
Los ojos de Venecia
Los tortolitos se encuentran en múltiples ocasiones en la Piazza San Marco, donde, en palabras de la protagonista, "se reúne media Venecia". Las hordas de turistas son también retratadas fielmente en esta película, con lo que he podido comprobar que la situación que he vivido allí era casi igual a la de hace sesenta años. En ningún otro lugar del mundo he podido experimentar con tanta fuerza el turismo en su forma más masiva y terrorífica. He podido identificarme a la perfección con la señorita Hudson en esas escenas incluso angustiosas en las que se apea del tren y la cámara de Lean la sigue mientras camina hacia la salida de la estación de Santa Luzia atropellando a todos esos turistas anónimos. Todos se enamoran de Venecia, pero cada cual lo hace de distinta manera, como sabiamente le explica Renato a Jane, quien contesta que "siente a Venecia", y es su historia de entre las de todos los visitantes la que nos muestra la película.


  

Otro gran acierto es el mostrar a este escenario natural en sus distintas formas a lo largo del día, a falta de hacerlo a través de distintas estaciones del año. Se nos muestra la Venecia de día soleado, abierta al cielo y al mar, ruidosa, llena de vida a pesar de sus construcciones nostálgicas de su pasado más esplendoroso; pero, por otro lado, la noche también tiñe las calles de Venecia y se nos presenta otra cara menos amable pero quizás incluso más real que la anterior, como yo misma pude sentir cuando estuve allí. Los canales, de día rebosantes de góndolas y vaporettos, se tornan insondables surcos negros en las calles, y las ventanas de los edificios desvencijados parecen ojos oscuros que desdeñan a los turistas irrespetuosos hacia el descanso de la ciudad. Tras el ocaso, la poca iluminación de las calles, únicamente alumbradas por los escaparates y tenues farolillos ocasionales, como se puede observar en la película, le hacen a uno estremecerse ante la constatación del hecho de que son muy pocas las estancias habitadas, y la ciudad entera parece una calavera hueca de sonrisa forzada. Diríase que sólo alienta a día de hoy para regocijo de los turistas que en ella se deleitan fugazmente para abandonarla de nuevo a su particular pantomima de lo que antaño fue.


Venecia es, en definitiva, un lugar para románticos, de lo que Lean se valió para "Locuras de verano". Jane Hudson, la protagonista, se enamora de un italiano allí, cumpliendo con el cliché, pero casi me parece que lo hace porque es la única manera en la que puede tener un idilio real con la ciudad que siempre había amado. Ésto explicaría también, en cierto modo, el abrupto e incomprensible final con Renato. En la primera media hora de la cinta, nuestra heroína se imbuye del espíritu de la ciudad en solitario, en un tête à tête sin palabras, lo cual constituye probablemente lo más auténtico de todo el filme. Jane, como los demás que consiguen "sentir" Venecia, volvería después a su vida y a sus clases en el colegio, pero con sus retinas indeleblemente bañadas en la luz de Venecia.

La llegada

La partida

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