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1 abr. 2017

MORDIENDO LA VIDA - CRITICA Y RESEÑA DVD -

Tras su salida de la cárcel, Rodolfo, un delincuente de poca monta, es requerido por el jefe del lumpen local para que lleve a cabo un ajuste de cuentas en su nombre. El ambiente de violencia y prostitución de la ciudad no tardará en arrastrarlo a una espiral de crimen. 30 años después de su estreno, Mordiendo la vida es un título de culto que permanecía inédito en formato doméstico, algo que remedia la presente edición plagada de extras. Tercera película del mallorquín Martín Garrido, supone una incursión en los códigos del género criminal realizada de forma ultra realista, sórdida y violenta, con actores provenientes de los verdaderos bajos fondos.



Mordiendo la vida (1986) es una de esas películas que se ha ganado su estatus de filme de culto a pulso.Estrenada en el año 1986 por el director y actor Martín Garrido Ramis vio lastrada su recorrido por las salas de cine del país por la quiebra de la distribuidora concesionaria de los derechos. Teniendo un paso notable por multitud de festivales cinematográficos en España, vio de nuevo truncada una oportunidad de participar en el festival de Berlín, en él el que había sido seleccionada, por falta de fondos para costear una copia en condiciones. No habiendo conocido una edición doméstica desde el momento de su estreno la aparición de una copia en DVD es casi un acontecimiento para esta cinta que arrastra una pátina de malditismo desde hace más de tres décadas. 

Portada de la reciente reedición en DVD
Portada de la reciente reedición en DVD

A priori Mordiendo la vida  podría ser una entre tantas películas del cine Kinki de los años ochenta. Una historia arquetípica de policías y delincuentes ambientada en los barrios marginales  de cualquier ciudad española de la época. Tras cumplir condena, Rodolfo, un delincuente de poca monta, es requerido  por el jefe de la mafia local para que lleve a cabo un ajuste de cuentas. Nada más acabar su trabajo ignora que será ajusticiado  por "El murciano", mano derecha  de don Antonio, capo local, para no dejar ningún cabo suelto. Antes de llevar a cabo esta ejecución, Rodolfo irá en busca de "La rizos", por la que guarda una obsesión insana y enfermiza. La rizos, mientras tanto estará escondiendo a su padre de la policía tras haber asesinado este a su esposa y al amante de ésta en un arrebato pasional. Don Ricardo, un veterano policía a punto de retirarse y su compañero ángel, policía vocacional de buen corazón y métodos expeditivos se verán inmersos en mitad de un cruce de tramas que desembocaran en un final explosivo.

Desde la primera escena el espectador es consciente de que está delante de una película que transgrede las normas dentro de su género. Aquí no es necesario recurrir a un lenguaje supuestamente barriobajero y soez, lleno de tacos cada dos líneas, para dibujar unos personajes de lumpen. No hay constantes alusiones a las drogas por parte de los protagonistas llegando casi a la parodia. Aquí tenemos auténtica  visceralidad cinematográfica sin recurrir al cliché en el que si que caían otras películas con similares pretensiones a esta. Los personajes de este particular universo construido por Martín Garrido exudan veracidad en cada línea de diálogo. No es un mundo donde los malos sean muy malos y los buenos  sean muy buenos.  La pareja de policías protagonista, un policía a punto de jubilarse algo corrupto y que admite que se cogió este empleo fue por salir de la hambruna de la guerra  y ángel, su compañero, policía de carrera y protector vocacional del barrio chino, no se diferencian demasiado entre sí. Nadan en un mar de grises  alejados del maniqueísmo buenista que situaba a los antihéroes en el papel de héroes populares y a la policía como los malos del cuento en filmes de este género. Los personajes protagonistas de la cinta se saben perdedores e inmersos en una corriente de vital de la que no podrán salir jamás.

Las pasiones que mueven a los habitantes  de esta cinta  son totalmente entendibles. Emociones básicas y universales que el director sabe plasmar con habilidad sobre el libreto. Construidos con la complejidad desconocida o pocas veces explorada por el género, son esclavos  de sus anhelos. En un momento dado de la cinta  vemos al personaje de la rizos paseando por el puerto deportivo de Mallorca  anhelando una vida al otro lado de los muros del barrio chino, deseando una vida en esa zona llena de lujo. A pocos metros, ángel, la observada reflejando un anhelo similar por la propia rizos.  El personaje de Rodolfo es movido por los celos, por la pasión, por la venganza. Incluso el asesino sin escrúpulos interpretado por Paul Naschy tiene una escena en la que va a visitar a su hija muerta al cementerio dotando su personaje  de una visión diferente de la que teníamos de el hasta el momento. En ningún momento podremos posicionarnos como espectadores con total seguridad. Sólo sabemos, parafraseando a uno de los protagonistas, que han nacido entre la mierda y que no podrán salir de ella por mucho que quieran.

El veterano actor Eduardo Fajardo
El director, Martín Garrido, en ocasiones sorprende con arriesgados encuadres de cámara poco habituales en esta clase de cine. Su uso de los espacios interiores es magistral. No obstante gran parte de la película tiene lugar entre hoteles y pensiones clubs y bares. Sabe dotar tu final de un resultado sórdido  que refleja fielmente la época de mitad de los 80 sin caer en la exageración ni la parodia. El barrio chino de Palma se transforma en otro personaje más de la cinta sirviendo de lugar común y de marco referencial para el desarrollo de toda la película. Pero también tiene sus puntos flacos. La cinta en ocasiones acusa  su exiguo presupuesto y se ve limitada a un resultado que bordea peligrosamente  entre el diseño de producción de un telefilm de gran presupuesto y el de una cinta cinematográfica de bajo presupuesto. Esto según se mire es un punto flaco o un punto fuerte ya que estamos ante una película que fue casi  el esfuerzo de una sola persona. Con un buen pulso narrativo que sabe mantener el interés y llevar paralelas un buen puñado de tramas sin que el espectador se pierda entre ellas, Martín Garrido consigue un resultado final notable. Un fiel retrato  de una época, de una ciudad,  de un barrio, de unos personajes y deseo que estos llevan sobre sus espaldas.


La actriz Beatriz Barón como "La rizos"

Dentro del elenco actoral, Martín Garrido, también director de la cinta, da el tipo perfectamente en su rol de policía atormentado y de buen corazón con una interpretación contenida y precisa. Al rodaje de esta cinta era ya un actor con años de experiencia en teatro y cine. Su compañero en la ficción, el actor Eduardo Fajardo, toda una leyenda del celuloide español, aún con pocos minutos en pantalla, deja una impronta notable como un policía veterano y algo corrupto a punto de jubilarse. Destacar que esta fue una de sus últimas interpretaciones antes de que entrara en un estado de retiro del que solamente volvió en dos ocasiones a la entrada del nuevo siglo con papeles de secundario. Eterno secundario de lujo en producciones nacionales e internacionales su sola presencia ya era un plus para esta cinta, una cara conocida y reconocible para el espectador. Como contrapunto femenino tenemos a la excelente actriz Beatriz Barón en el papel de "La rizos". Objeto de deseo de Rodolfo, amor platónico de Angel, abnegada hija y sabedora de una suerte que le será imposible cambiar. La actriz construye un personaje poliédrico y complejo, quizás el mejor del filme. El variado elenco de actores secundarios, algunos profesionales, y otros provenientes de los bajos fondos y el barrio chino de Palma, cumplen sin estridencias en sus papeles. Entre los extras, según se dice, había familiares y amigos del director, con el fin de abaratar costes. Notablemente ensalzados estos últimos por el maravilloso doblaje madrileño de esta cinta en el que reconocemos algunas de las voces más míticas de aquella década, consiguen no desentonar con los actores principales.

El caso más polémico de la cinta lo protagonizó el actor gallego Jacinto Molina, alter ego de Paul Naschy. Estigmatizado en aquella época como un actor de producciones de Serie B y fanta-terror, su presencia en esta cinta pudo resultar desconcertante a los espectadores de la época, acostumbrado a verle como el hombre lobo español. Por declaraciones del director sabemos que la presencia de Naschy obedece a una vehemente recomendación que el actor Eduardo Fajardo le hizo a Martín Garrido para ayudar a Naschy. En aquel entonces pasaba por un bache personal que le tenía sumido en una gran depresión y su carrera estaba, literalmente, estancada. A día de hoy, y desde la distancia, la presencia del hombre lobo más famoso de la cinematografía española no extraña al espectador más moderno. Aquellos que en su día no tuvieron la oportunidad de ver todo el universo del fanta-terror español no asociará esta cara con sus anteriores papeles y solo se quedaran con una actuación correcta del carismático actor. 


Naschy (de pie) interpreta al "Murciano"

Mordiendo la vida se encuadra dentro de la corriente de cine kinki que desde mediados de los años 70 pobló las carteleras españolas. Pero donde directores como Eloy de la Iglesia o José Antonio de la Loma caían en la exageración intencionada que convertía a unos personajes decididamente dramáticos casi en parodias de sí mismos, Martín Garrido opta por otra opción. Más cercana a cintas como Deprisa Deprisa (1981) de Saura, El Crack (1981), de José Luis Garci, o 27 horas (1986) de Montxo Armendáriz, Garrido construye una película de personajes. Una visión más cercana al realismo noir francés o al enfoque de Friedkin -French Connection, Vivir y morir en Los Ángeles- que a la de sus homólogos patrios. Una cinta que si bien no es perfecta, ni lo pretende, se deja ver con agrado y aporta un aire fresco y diferente a un género que ya en aquellos años daba sus últimos coletazos. Al año siguiente se estrenaría El Lute: Camina o revienta, De Vicente Aranda. Una producción de gran presupuesto que perdía la esencia de lo que representaba este tipo de cine y definitivamente y daba carpetazo a toda una época.

Martin Garrido como Ángel

Sin haber sido editada en formato doméstico desde su estreno en cines hace más de 30 años, Cameo y Vial Of Delicatessens acaban de poner a la venta una edición en formato DVD este mes de marzo. La copia, con una notable calidad de sonido e imagen incluye como material extra una entrevista al director, Martín Garrido, otra a la actriz Beatriz Barón y otra a Joana Amaro. Una auténtica pieza de culto casi desconocida en nuestro país injustamente olvidada que al fin ve la luz. Nunca la frase más vale tarde que nunca tuvo más sentido.

Ficha técnico-artística:

  • Director: Martín Garrido
  • Guión: Martín Garrido
  • Intérpretes: Beatriz Barón, Paul Naschy, Eduardo Fajardo, Martín Garrido
  • País: España
  • Duración: 92 min
  • Música: Joana Amaro

Trailer



Vídeo Musical con el tema principal del filme




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