El californiano James Horner bien podría ser como de nuestra familia a juzgar por la cantidad de sonidos familiares que nos ha brindado en los últimos 30 años. Ya ha cumplido 56 años pero es como si siempre hubiera tenido esa edad. Ventajas de no verles la cara, supongo.
James Horner es quizá, junto al ya desaparecido Jerry Goldsmith y al incombustible John Williams (como Williams está ya algo mayor, supongo que Spielberg contratará a Shore o alguno de estos antes que a Horner, aunque nunca se sabe: Horner es quien es por Spielberg aunque sea indirectamente), uno de los mejores compositores de bandas sonoras de Hollywood. Representa a la generación pasada y al cine norteamericano cuando parecía estar en estado de gracia perpetua, luego descubrimos que no era así, pero bueno, James Horner sigue ahí.
Sin duda, Horner ha compuesto la música de las películas más correctamente edulcoradas de los 80 y los 90. Después de trabajar desde 1979 en bandas sonoras, su primera película conocida es Cocoon (1985). A partir de aquí surgen todas las demás. Sí, sí, habéis leído bien: de Cocoon surgen todas las demás: Aliens (1986 - por la que es nominado al Oscar), Fievel y el nuevo mundo (1986), Nuestros maravillosos aliados (1987), Willow (1988), Campo de sueños (1989 - de nuevo nominado al Oscar, por estas fechas su colega Williams llevaba ya un porrón - lo que beneficia que Spielberg quiera que musicalices todas sus pelis), Fievel va al Oeste (1991 - Quien no recuerda aquella maravillosa canción que cantaba la ratoncita y que era incluso mejor que el duo de Fievel y su hermana en la primera entrega), Juego de Patriotas (1992), Leyendas de Pasión (1994), Casper (1995), Apolo 13 y Braveheart (ambas de 1995 y en ambas nominado al Oscar), y por fin su merecido triunfo: doblemente ganador del Oscar a mejor música y canción por Titanic (1997 - James Cameron le da suerte, será por eso que es el compositor de Avatar). A partir de aquí, el sistema este de “todo surge de Cocoon” comienza a dar signos de mediocridad y repetición (eso lo explicaremos después) y su resurgimiento con películas como: Enemigo a las puertas (2001), Una mente maravillosa (2001 - nominado al Oscar, ya había trabajado con Ron Howard en Willow y Apolo 13), Troya (2004) o Apocalipto (2006 - de nuevo a las órdenes de Mel Gibson desde El hombre sin rostro - 1992). Seguro que pensáis que para qué tanta filmografía y tanta fecha, que me habré pulido todo esto de la wikypedia. Hombre, la verdad es que la filmografía me la sabía de memoria por años, pero arrogancias aparte, tanto dato era necesario para la segunda parte de este artículo. Ahí va: James Horner es mucho más interesante de lo que, ya de por sí, parece. Sin duda le imagino muy obsesivo con su trabajo. Me explicaré: todos los compositores de bandas sonoras para cine suelen tener una cosa en común: todos se repiten. Supongo que es normal teniendo en cuenta que componen varias películas en un solo año. Ingente trabajo mediocriza el resultado. Si tenemos un poco de oído y escuchamos, podremos comprobar que muchas bandas sonoras de distintos años y distintas películas de distintos géneros se parecen entre sí más de lo que quisieran. Algunos prefieren componer poco y no caer en esto (dejemos que se lo crean), véase por ejemplo el caso de Nyman (El piano - 1993), Vangelis (Blade Runner - 1982, 1492 - 1992) Podelouris (Conan, el bárbaro - 1981, Robocop - 1986) o Morricone (La misión - 1986, por cierto, fue quien le quitó el Oscar a Horner el año de Aliens, y muy merecidamente por cierto, Los intocables de Elliot Ness - 1987).
Pero sólo Horner repite todos sus acordes en todas sus películas. Por eso, decíamos lo de que todo viene de Cocoon. Es sencillo y, a mi modo de ver, fascinante: James Horner compuso Cocoon y los acordes que encontró eran tan buenos y de tal belleza que no pudo deshacerse de ellos el resto de su carrera. Todavía hoy los oigo. Pero todavía llegamos a más: dentro de la composición de Cocoon existen unos acordes secretos, a veces, como parte de la música, a veces, como una melodía oculta. Como si fuese una marca de agua o una huella dactilar. Así pues, y si ponemos mucha atención, encontramos esta melodía (de extrema belleza, he de reconocer), y en modo oculto, en sus siguientes trabajos (me pregunto si esto lo sabrán los directores para los que trabaja): En Fievel y el nuevo mundo la cuela, en Nuestros maravillosos aliados la vuelve a colar. Ya en los 90, se corta más, aunque todavía se puede afinar el oído en Casper (1995), Braveheart (1995 - aquí aparece casi inherente) e, incluso, en Titanic (1997), donde, casi imperceptible, la encontramos en un tema menor, casi como si no quisiera que se diera cuenta nadie.
Lo mejor:
Casi todo, incluidos acordes secretos.
Lo peor:
Que componga para cualquiera que se lo pida.