Burton y Depp: Dos freaks unidos en un mundo hipócrita
por Gerardo Medina Pérez
Cuenta la leyenda que Tom Cruise interpretaría a “Eduardo Manostijeras” sólo si al final de la película a Eduardo le salían manos de verdad y se convertía en un buen mozo. Tim Burton, recién salido del éxito de 1989, “Batman”, dijo no a la propuesta y empezó a buscar a otro candidato para el papel. Fue entonces cuando se fijó en la película de John Waters “Cry Baby. El Lágrima” (1990) y en su protagonista, un joven que había aparecido fugazmente en “Platoon” (Oliver Stone, 1985) y “Pesadilla en Elm Street” (Wes Craven, 1984), donde era una de las primeras víctimas del mismísimo Freddy Krueger. Ese joven era Johnny Depp, que trabajaba además en la exitosa serie “Nuevos policías”, que le había catapultado a la categoría de ídolo juvenil y le obligaba a aparecer en todas las carpetas de las jóvenes estadounidenses. Junto a Burton, Depp desarrolló un memorable personaje que marcaría su carrera y le valdría una nominación al Globo de Oro. Pasaron los años y Burton volvía a cosechar éxitos como director con “Batman Vuelve” (1992) y como productor de “Pesadilla antes de Navidad” (Henry Sellick, 1993). Fue entonces cuando decidió contar de nuevo con Johnny para interpretar a otro Edward, en este caso “Ed Word” (1994), que relata parte de la carrera del considerado peor director de la historia y que con los años se ha convertido en un personaje de culto. Por esta película, Depp, que hasta entonces hacía películas independientes y se convertía en un icono para realizadores como Lasse Hallstrom y Emir Kusturica, volvería a estar nominado como actor en los Globos de Oro mientras su compañero de reparto Martin Landau obtenía el Oscar al mejor secundario por caracterizarse perfectamente de Bela Lugosi, el famoso drácula de la Universal. No fue un taquillazo, pero las críticas la destacaron como la mejor película de Burton hasta la fecha. Quedó clara entonces la química entre director y actor. Burton era capaz de humanizar a auténticos inadaptados situándoles en un mundo hipócrita. Por su lado, Depp se divertía disfrazándose y es esta faceta la que más reconocimiento le ha valido en su carrera.
Él mismo declaró que antes que ser el nuevo Marlon Brando, a quien dirigió en “The brave” (1997), desearía ser el nuevo Lon Chaney. A pesar de que su siguiente película, la aparentemente descerebrada “Mars Attacks!”, no sería un éxito ni de crítica ni de público, Burton se metió a productor de las dos secuelas de Batman dirigidas por Joel Schumacher. Lo cieto es que con “Batman y Robin” (1997) perdió más de lo invertido. Tras fracasar el proyecto de Superman con Nicolas Cage era el momento de llamar de nuevo a su actor fetiche para adaptar el relato sobre el Jinete sin cabeza realizado por Washington Irving. La película se llamó “Sleepy Hollow” (1999) y supuso otra diana en lo que a público se refiere. A partir de este punto las carreras de ambos tomarían rumbos distintos. Burton triunfaría en las taquillas con el innecesario remake de “El planeta de los simios” (2001) y la hermosa “Big Fish” (2003) mientras Depp no acababa de encontrar su hueco en Hollywood con películas como “Chocolat” (Lasse Hallstrom, 2000) o la española “La novena puerta” (Roman Polanski, 1999). Fue en 2003 cuando consiguió su mayor éxito, interpretar a Jack Sparrow en “Piratas del Caribe. La maldición de La Perla Negra” (Gore Verbinski), trabajo por el que conseguiría su primera nominación al Oscar como actor protagonista, lujo que repitiría al año siguiente con “Descubriendo Nunca Jamás” (Marc Foster, 2004). Por fin el actor había escrito su nombre con letras doradas en Hollywood. El director, por su parte, seguía expandiendo su mundo neogótico.
Este año estrenan otras dos colaboraciones juntos: Depp se disfraza de Willy Wonka en “Charlie y la Fábrica de Chocolate”, papel que en principio sería para Christopher Walken o Michael Keaton, y presta su voz al protagonista de “La novia cadáver”. A pesar de que Burton siempre repite con sus actores con ninguno ha conectado más que con Depp, actor perfecto para travestirse, transformarse y convertirse en cualquier personaje a manos de unos de los realizadores más innovadores e imaginativos de nuestros días.