Palomares, días de playa y plutonio

Movistar + nos muestra las claves de un suceso que conmovió a toda España: ¿Está limpio Palomares? ¿Se hizo bien el rescate? ¿Se dio lo que se prometió?

Resulta que sí que está limpio. Ocurrió en España, en un pueblecito de 1.000 habitantes en Almería llamado Palomares y en plena guerra fría. Movistar + nos lo cuenta en forma de cuatro episodios.

España tenía un tratado por el que dejaban pasillo aéreo a los bombarderos B-52, que están cargados con bombas H. Y va y pasa aquí, con lo grande que es el mundo. Dos aviones colisionan cuando están reabasteciendo combustible en el aire. Resultado: cuatro bombas que no explotan caen en la zona junto con los restos de los aviones. Vamos con la historia.

La situación

17 de enero de 1966. Un avión estalla en el cielo de Almería dejando caer cuatro bombas termonucleares, 75 veces más destructivas que las de Hiroshima, en los alrededores del pequeño pueblo de Palomares. Para hacernos a la idea, en esa época en España apenas se acababa de constituir la Junta Nuclear Española (JEN), pero era la España de las radios y pocas televisiones e información. Ahí, en ese pueblo, muy pocos sabían lo que era el plutonio, ni una bomba atómica y a lo mejor alguno conocía lo que había pasado en Hirosima (seguramente el maestro o maestra).

Washington activó todos sus protocolos ante un accidente nuclear. En El Pardo, Franco recibió estupefacto la noticia. Se puso en marcha un secretísimo dispositivo de búsqueda de las cuatro bombas atómicas. El ejército norteamericano, con la ayuda de la Guardia Civil y los vecinos, localizó un proyectil intacto, pero otros dos habían esparcido su contenido radiactivo a lo largo y ancho de Palomares. De la cuarta bomba nuclear… ni rastro.

Comienza una tensa cuenta atrás para encontrar el artefacto que puede desencadenar la mayor explosión atómica de toda la Historia. 55 años más tarde, Palomares, nueva serie documental original Movistar+, reconstruye por primera vez, a través de recreación y entrevistas, lo que ocurrió en aquellos 80 días de búsqueda gracias al material e información que tanto el Gobierno norteamericano como el español mantenían como clasificado.

Guardiaciviles custodian restos.
Unos agentes de la Guardia Civil custodian parte del fuselaje de uno de los aviones accidentados. MOVISTAR+

El despliegue

1.600 soldados del ejército americano aterrizaron en Palomares para deshacerse del material radioactivo esparcido por dos de las bombas, ante la atónita mirada de los lugareños de aquella pedanía de poco más de 1.000 habitantes, sin apenas luz eléctrica ni agua corriente. Las autoridades españolas descartan evacuar el pueblo, dañaría la imagen de un país como el nuestro que vive del turismo…

Los soldados americanos sólo se llevaron parte del plutonio. 55 años después, Bruselas dio un ultimátum a España: tiene hasta finales de este año para informar sobre la contaminación nuclear real en Palomares a día de hoy. En febrero de 2020, la Audiencia Nacional insta al Gobierno a que desclasifique el Plan de Rehabilitación para el área contaminada con plutonio en Palomares.

Los hombres clave

En mi opinión, vistos los cuatro episodios, hay dos personas clave en el desarrollo de los acontecimientos.

El primero es un teniente americano destinado en Morón que es del cuerpo jurídico y le mandan esa misma noche a la localidad para informar de primera mano sobre cómo estaba el panorama y sobre todo «qué consecuencias podía tener para los EEUU».

El nombre del Teniente es Joe Ramirez. Sí, efectívamente. Como han adivinado por el apellido, hablaba hispano, por lo tanto se entendía con los vecinos.

El otro es el ya fallecido Francisco Simó, o Paco, cuya viuda da testimonio en las entrevistas. Él es el marinero que vio caer al «otro piloto» y que sentía mucho no haberlo podido salvar como a otros, porque se hundió y desapareció.

¿Qué hay de verdad?

Esta serie documental saca a la luz documentos y materiales recientemente desclasificados y cientos de imágenes y fotografías inéditas fruto de una larga investigación (como las entrevistas a Larry Messinger, piloto del B-52 accidentado que cargaba las cuatro bombas o a Marvin McCamis, el piloto del submarino que encontró la carga perdida). Pero también mostrará las surrealistas situaciones que produjo la convivencia de estos dos mundos tan dispares.


Se muestran enredos políticos como la verdad del famoso baño del ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, y su campaña de comunicación que llevó a cabo para minimizar el asunto. O la reacción de Franco al conocer la tragedia y la tensión política entre Washington y Madrid en plena Guerra Fría que detallaré posteriormente.

José Herrera, paisano de Palomares, se ha dedicado toda su vida a dar luz a los acontecimientos, desvelando un montón de información.

Entre todos cuentan la parte que vivieron, en la que los implicados en el lugar trabajaron a destajo creyendo hacer lo mejor, en un ambiente de colaboración inédito entre españoles y americanos en los 60. Años más tarde y con más información, los protagonistas cuentan que se fueron de ahí pensando que estaba todo solucionado… pero igual no era así 50 años más tarde.

Alguna de las situaciones surrealistas

La segunda noche, un guardia civil tuvo que custodiar una de las bombas encontradas en tierra. El pobre hombre empezó a pasar frío con la brisa nocturna y decidió tumbarse apoyado en la bomba, «que está calentita«, y taparse con el paracaídas. Días más tarde le pide por favor a un operario de la JEN, que si le puede medir con el aparato.

El trabajador, que había firmado un contrato de confidencialidad de información con el Ministerio español, le dijo bajo mano que cogiera a su mujer e hijos y se largara de Palomares a Granada, donde tenía familia.

El famoso baño de Fraga tiene miga. El gallego y el embajador en España de EEUU quedaron en hacer una rueda de prensa conjunta en el lugar días más tarde. Pero Fraga, que había aparecido con su traje, se cambió en privado y se puso el bañador y fue corriendo al agua con la prensa él sólo.

Cuando llegó a oidos del embajador estadounidense, corrió a las tiendas de los buceadores con su ayudante (que lo cuenta con mucha gracia), y ambos cogieron los primeros bañadores que encontraron colgados por las perchas y salieron corriendo con sus ridículos bañadores para salir junto a Fraga en lo que denominaron como una «jugada maestra«.

El rescate. La chapuza final

Después de hacerse cargo un almirante que vino a buscar la bomba en el mar, alguien sugirió que preguntasen de nuevo al pescador Ribó. Por tres veces Paco indicó el mismo sitio, pero el almirante se hizo sus propias cuadrículas y ordenó buscar en ellas.

Los tripulantes del submarino civil de rescate desobedecieron el último día la orden de no salir de la cuadrícula y fueron donde el pescador señalaba, y ahí fotografiaron la bomba envuelta en su paracaídas.

El ignorante almirante dijo que en la foto sólo se veía un paracaidas (con forma de bomba H) y que si no daban más pruebas, no rescataba eso.

Rescate bomba con el submarino Alvin
El mini submarino civil Alvin encuentra la bomba y fracasa el primer intento de rescate. MOVISTAR

Tras lograr fotografiarla bien, el primer intento de rescate falló al romperse el cable de sujección del paracaidas, y cayó más profunda la bomba, con momentos de tensión increíbles. Al final, lograron sacarla con otro aparato adicional, no sin más chapuzas y tensiones.

El almirante y el general de la base de Morón se hicieron unas fotos ante la prensa junto a autoridades españolas.

La foto triunfal
La bomba H rescatada en el mar, ante la prensa mundial. MOVISTAR +

La retirada y las promesas

El ejército se replegó del enorme campamento montado y la paz llegó al pueblo. 25.000 metros cuadrados de tierra fueron limpiadas y metidas en 5.000 bidones que se llevaron a EEUU. Los restos de los aviones los tiraron al agua camino del país norteamericano.

Se firmó un proyecto (Indalo) de seguimiento de personal, tierras, vegetación y animales del lugar. Años más tarde y sin tener nunca informes de dichas revisiones, ya en democracia y 20 años más tarde, la alcaldesa se plantó en que nadie más sea examinado hasta que no les den los resultados y los manden analizar a quien quieran.

Lo cierto es que sigue habiendo radiación en dos puntos, que sigue habiendo algo de secretismo y que ningún Gobierno ha hecho nada. Algunos vecinos opinan que están bien y conviven con ello, otros no. Algunos del personal militar de los EEUU han sufrido enfermedades en la sangre y cáncer. Tres senadores estadounidenses han reconocido que puede haber causa efecto. Veremos cómo continúa.

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Palomares, días de playa y plutonio

About The Author
- Cinéfilo desde su juventud en el que le apasionaba el cine bélico y de los 80. Posteriormente descubrió los clásicos, por lo que es fan del canal TCM. Gran aficionado al cine de Espías e Inteligencia, del que tiene amplios conocimientos.

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