‘Godzilla vs Kong’, ¡qué grande es el cine!

‘Godzilla vs Kong’ es la excusa perfecta para volver a los cines a lo grande, una película que ofrece un espectáculo mastodóntico de peleas entre monstruos y mucha diversión

Warner y su monsterverse parecen haber aprendido la lección con la recién estrenada Godzilla vs Kong. Si de algo adolecían las entregas anteriores, especialmente las centradas en Godzilla como amo de la función, era de unas tramas humanas insignificantes, con unos personajes que nos importaban un pimiento, pero que ocupaban más metraje que los bichos que les daban nombre. Tramas aburridas, alargadas hasta el exceso, sosas y que hacían desear al público que el monstruo se los comiera a todos.

Godzilla vs Kong, por fortuna, parece seguir más la línea de la estupenda y divertidísima Kong: La Isla Calavera que del Godzilla de Gareth Edwards o del Godzilla: Rey de los monstruos de Michael Dougherty. ¿Hay humanos? Sí, y vuelven a tener sus arcos argumentales y conflictos dramáticos. Pero no entorpecen la historia. Y muy importante, se les toma en serio lo justo para que no caigan pesados, que era el talón de Aquiles de las anteriores propuestas.

Las subtramas humanas no entorpecen la narración de Godzilla vs Kong. WARNER BROS
Las subtramas humanas no entorpecen la narración de Godzilla vs Kong. WARNER BROS

Lo demás es un canto de amor al cine de kaijus de toda la vida. Godzilla vs Kong es un homenaje a esas producciones japonesas con maquetas y hostias entre bichos con elefantiasis, permitiéndose incluso introducir mechas por el camino. Pero también a la ciencia-ficción y la aventura, a los viajes al centro de la tierra e incluso a alguna saga de acción made in Shane Black, Steven E. de Souza y Joel Silver-atención a las referencias a La jungla de cristal y Arma letal 2. Todo en un mejunje que se ríe de sí mismo, en un más imposible todavía que pondrá a prueba la paciencia de aquellos que se empeñen en dejar la suspensión de incredulidad en la puerta de la sala.

Una propuesta gigantesca

Todo es tan inverosímil, tan mastodóntico y exagerado, que si entras en su juego la disfrutas enormemente. Y especialmente la última hora. Adam Wingard ha entendido que queremos ver monstruos zurrándose, y nos sirve un espectáculo visual de luces de neón de esos que nos hacen agradecer el volver a pisar una sala de cine. Y si es en IMAX, más que mejor. En tiempos de vuelta a la normalidad cinematográfica, Godzilla vs Kong nos recuerda que el séptimo arte puede y debe ser también una válvula de escape, que nos hacen clamar a los cuatro vientos aquello de “¡Qué grande es el cine!”.

Godzilla y Kong en plena lucha. WARNER BROS
Godzilla y Kong en plena lucha. WARNER BROS

Pese a la acción y movimientos de cámara, todo lo que ocurre en ella se sigue muy bien sin que te pierdas entre tanto batiburrillo digital. Gracias a una dirección más que efectiva, un trabajo técnico sobresaliente y la siempre estimulante y también gigantesca banda sonora de Tom Holkenborg. Todo esto acompañan con acierto las dos horas de proyección de la llamada a resucitar los cines como enormes anfiteatros en los que dejarnos los oídos y los ojos, entre palomitas y refrescos, acompañados de la familia y con la gratificante sensación de haber visto algo monumental. Un auténtico disfrute de principio a fin como no hemos visto en el último año en la gran pantalla. Y por mí, que continúen con este universo si éste va a ser el camino a seguir.

En definitiva…

Godzilla vs Kong ofrece un espectáculo con una falta absoluta de tomarse en serio a sí misma, que salva el escollo de las tramas humanas de algunas de sus antecesoras para apostar por un divertimento constante repleto de grandes peleas entre monstruos. Justo lo que queríamos ver en una cinta de estas características, y la excusa perfecta para volver a los cines a lo grande.

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‘Godzilla vs Kong’, ¡qué grande es el cine!

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- Ingeniero de sistemas y software de profesión, cinéfago incurable de afición. Lo mismo te devora El Padrino que Payasos asesinos del espacio exterior o todo el cine de los 80 y de acción de los 90. Empezó en Locoporelcine hace más de quince años, y ahora... he is back!

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